My Statement on the 10th Anniversary of DACA

For all they have done for our nation, and all they will continue to do, DACA recipients and their families deserve better.

Ten years ago, our nation strengthened its commitment to the principle that every American deserves a chance to build a better life here. Amid congressional gridlock and decades of failure to address our broken immigration system, my administration took action to protect hundreds of thousands of young people who were American in every way but one.

These Dreamers came to this country very young, sometimes as infants, and did everything right. They studied hard, worked hard, and proved to their parents that the risk of coming to America had paid off. Many did not know they were undocumented until they applied to college or tried to enlist in the military. And not only did a piece of paper suddenly stand in the way of their aspirations, it added a threat of deportation to a country they might not know with a language they might not speak.

But rather than accepting defeat and living in fear, these Dreamers did the opposite: They publicly proclaimed their immigration status. They showed how much the American Dream meant to them, sharing their stories of hope and heartbreak. And they called on their elected officials to do something to fix the system. That’s who I was thinking about when our administration made it possible for them to apply for work authorization and protection from deportation through Deferred Action for Childhood Arrivals (DACA). Instead of living in fear, DACA made it possible for these promising young Americans to continue to thrive in the only country they had ever called home. It lifted the shadow of deportation from people of extraordinary promise. And the results — for them and for us all — cannot be denied.

The more than 800,000 people who have received DACA protection are now teachers, service members, business owners, doctors, and parents. They are our friends and neighbors. With the protection of DACA, they helped to close the gap in high school graduation rates between citizens and noncitizens by 40 percent, as one study found. More than 200,000 of them have served on the frontlines of our nation’s COVID-19 response, working on behalf of their fellow Americans at great risk to themselves. And hundreds more have defended our country in the military, making all of us safer. A few weeks ago, I met with several DACA recipients who are excelling in medicine, organizing, and more. To me, they’re exceptional in part because I know they’re not exceptions — there are hundreds of thousands of stories like theirs. We are a better nation — a stronger nation — because of DACA recipients.

It is not lost on them or me that the DACA program was, and is, temporary. It remains vulnerable to politicians who choose to ignore DACA’s remarkable benefits to our country. These Dreamers lived through the cruelty of the previous administration’s attacks and legal challenges to the program, their families, and their communities. And Dreamers graduating high school or entering the workforce today face an even steeper climb than they did a decade ago. Only a quarter of the undocumented students graduating high school this year are eligible for DACA under existing rules. Some states restrict in-state tuition from undocumented students, even when they meet all residency requirements. And some professions remain out of reach because of a patchwork of unreasonable state-level licensing requirements.

For all they have done for our nation, and all they will continue to do, DACA recipients and their families deserve better. Today, I’m renewing my call for Congress to redouble its efforts to build a smart and compassionate immigration system that offers Dreamers a path to citizenship. Let’s honor these Dreamers and everything they’ve done to strengthen our country. Let’s treat them like the Americans that they are. And let’s do everything we can to help build a commonsense immigration system that honors our heritage as a nation of laws and a nation of immigrants. It’s on all of us to finish this work.

For the 10th anniversary, I sat down with some talented young people who shared their DACA story. Take a look at our conversation.

Mi Declaración Sobre el Décimo Aniversario de DACA

Hace diez años, nuestra nación fortaleció su compromiso con el principio de que todo estadounidense merece la oportunidad de construir una vida mejor aquí. En medio del estancamiento del Congreso y décadas de fracaso para abordar nuestro fallido sistema de inmigración, mi administración tomó medidas para proteger a cientos de miles de jóvenes que eran estadounidenses en todos los sentidos menos uno.

Estos soñadores llegaron a este país muy jóvenes, a veces como bebés, e hicieron todo bien. Estudiaron mucho, trabajaron duro y le demostraron a sus padres que el riesgo de venir a Estados Unidos había valido la pena. Muchos no sabían que eran indocumentados hasta que solicitaron a la universidad o trataron de inscribirse en el ejército. Y de repente, un pedazo de papel no solo se interponía en el camino de sus aspiraciones, sino que añadía una amenaza de deportación a un país que tal vez no conocían, con un idioma que tal vez no hablaban.

Pero en lugar de aceptar la derrota y vivir con miedo, estos soñadores hicieron lo contrario: declararon públicamente su estatus migratorio. Demostraron lo mucho que el Sueño Americano significaba para ellos, compartiendo sus historias de angustia y esperanza. Y le pidieron a sus funcionarios electos que hicieran algo para arreglar el sistema. Esas son las personas en quien pensaba cuando nuestra administración hizo posible que solicitaran autorización de trabajo y protección contra la deportación a través de la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA). En lugar de vivir con miedo, DACA hizo posible que estos prometedores jóvenes estadounidenses continuaran prosperando en el único país que habían llamado hogar. Eliminó la sombra de la deportación que recaía sobre personas con talento extraordinario. Y los resultados -para ellos y para todos nosotros- no se pueden negar.

Las más de 800,000 personas que han recibido protección de DACA ahora son maestros, miembros del servicio militar, dueños de negocios, médicos y padres. Son nuestros amigos y vecinos. Con la protección de DACA, ayudaron a disminuir la brecha en las tasas de graduación de escuela superior entre ciudadanos y no ciudadanos en un 40 por ciento, como encontró un estudio. Más de 200,000 de ellos han servido en la primera línea de respuesta de nuestra nación ante el COVID-19, trabajando en nombre de sus conciudadanos estadounidenses aunque sea un gran riesgo para ellos mismos. Y cientos más han defendido a nuestro país en el ejército, haciéndonos a todos más seguros. Hace unas semanas, me reuní con varios beneficiarios de DACA destacados en medicina, organización y demás. Para mí, son excepcionales en parte porque sé que no son excepciones; hay cientos de miles de historias como las suyas. Somos una nación mejor, una nación más fuerte, gracias a los recipientes de DACA.

No pasa desapercibido, para ellos ni para mí, que el programa DACA era, y es, temporero. Sigue siendo vulnerable ante los políticos que eligen ignorar los extraordinarios beneficios que DACA ofrece a nuestro país. Estos soñadores sufrieron la crueldad de los ataques y desafíos legales que incitó el gobierno anterior al programa, sus familias y sus comunidades. Y los soñadores que se gradúan hoy de escuela superior o desean entrar en la fuerza laboral se enfrentan a unas condiciones aún más difíciles que las de hace una década. Bajo las reglas existentes, solo una cuarta parte de los estudiantes indocumentados que se gradúan este año de la escuela superior son elegibles para DACA. Algunos estados limitan la matrícula estatal de estudiantes indocumentados, incluso cuando cumplen con todos los requisitos de residencia. Y algunas profesiones permanecen fuera de su alcance debido a una amalgama de requisitos irrazonables para obtener licencias a nivel estatal.

Por todo lo que han hecho por nuestra nación, y todo lo que continuarán haciendo, los beneficiarios de DACA y sus familias merecen algo mejor. Hoy, renuevo mi llamado para que el Congreso redoble sus esfuerzos para construir un sistema de inmigración inteligente y compasivo que ofrezca a los soñadores un camino hacia la ciudadanía. Honremos a estos soñadores y todo lo que han hecho para fortalecer nuestro país. Tratémoslos como los estadounidenses que son. Y hagamos todo lo posible para ayudar a construir un sistema de inmigración sensato que honre nuestra herencia como una nación de leyes y una nación de inmigrantes. Nos corresponde a todos nosotros culminar este trabajo.

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